El resto de esa tarde pasó muy rápido. Fui a casa de Sissy y la ayudé a hacer su maleta mientras nos entreteníamos escuchando música. De vez en cuando parábamos y cantábamos, bailábamos y saltábamos de emoción al ritmo de las canciones. Cuando terminamos me dirigí a la puerta junto con Sissy.
-¡Mamá, nos vamos ya! - gritó Sissy.
-¡Espera, espera! - la madre de Sissy apareció por el pasillo con algo en la mano - No te irás sin dinero ninguno.
-¡Uy! Qué fallo. - Sissy extendió la mano y su madre le tendió un gran fajo de billetes.
-Sissy, no te quejarás... Es muchísimo dinero, eh. - dije con los ojos abiertos como platos.
-No, no, no tenía pensado quejarme.
Las dos reímos a la vez y abrimos la puerta, pero cuando ya íbamos a salir, Sissy fue a darle un beso a su madre y despedirse de ella, no la vería en una semana. Yo haría lo propio mañana por la mañana con mi madre. Por fin, como yo estaba deseando, salimos y nos dirigimos a mi casa.
Una vez allí nos preparamos bien para irnos a dormir, pero cuando nos metimos en cama no pudimos dormir.
-Lara...
-¿Qué pasa? - dije con voz cansada.
-Me tiemblan las piernas... - se rió levemente, y yo con ella.
-A mi me tiembla todo el cuerpo... pensar que dentro de unas horas estaremos en un avión camino de Dublín, y que sólo en tres días veremos a John y Edward a escasos centímetros... Pf, es increíble.
-Y todo gracias a ti, porque yo te había dicho que no participaras en eso, que era una chorrada, y al final, míranos; aquí estamos, a pocos días que conocerlos.
-Si no fuera por mi... - dijo con tono bromista, riendo después.
-Oh, sí, me has salvado la vida, "superwoman".
-Bueno, será mejor que durmamos, ya es tarde y mañana el avión sale a las ocho de la mañana.
-Tienes razón, hasta mañana.
-Hasta mañana.
Las dos intentamos dormir y al final lo conseguimos en poco tiempo, estábamos exhaustas.
La noche transcurrió tranquila y a la mañana siguiente mi madre nos despertó a las seis y media.
-¡Vamos chicas, arriba!
-¿Ya? - miré el reloj - Vale, vale, ya vamos. Venga, Sissy.
Nos levantamos bostezando, estirándonos y con los ojos medio cerrados.
-Venga, vamos, aquí tenéis algo de desayuno.
Sobre la mesa de la cocina había tostadas, un bote de mermelada, otro de nocilla, una botella de leche, dos tazones y galletas. Yo calenté un poco de leche y Sissy preparó las tostadas.
-Yo voy a vestirme, vosotras apurad y vestíos también.
-Sí, mamá.
Mientras mi madre no estaba probamos a disolver la nocilla en la leche, una tontería enorme porque acabó toda en el fondo, pero por lo menos le dio algo de sabor. La mermelada quedó sin abrir y de entre todos los tipos de galletas, sólo cogimos las que tenían chocolate. Terminamos y nos vestimos rápido, cada una en un baño.
-¡Mamá, ya estamos! - dije, con un tono quizás un poco más elevado de lo que debería.
-Genial, entonces coged las maletas, aseguraos de que tenéis todo y nos vamos ya. Mientras hacéis eso yo llamaré a la madre de Sissy para avisarle de que ya salimos.
Corrimos a mi habitación y cogimos todo, metimos los posters, discos y camisetas de Jedward en los bolsos de mano y nos peinamos para estar decentes. Mientras hacíamos esto oíamos a mi madre hablando con la señora Smith. Cuando salimos de la habitación, mi madre también colgó el teléfono.
-¡Ya estamos listas! - dije con una gran sonrisa en la cara.
-¡Perfecto! Pues vámonos ya. - salimos de casa corriendo, incluso mi madre, hasta que llegamos al coche, que estaba dos calles más abajo.
El viaje en coche hacia el aeropuerto duró un cuarto de hora escaso. Cuando llegamos tuvimos que pasar por el control de seguridad y dejar las maletas en la cinta del aeropuerto.
Por suerte, llegamos veinte minutos antes de que saliera nuestro avión.
-Bueno chicas, yo ya me voy. Espero que os lo paséis muy bien. Adiós, Sissy.
-Adiós, señora Wayland.
Mi madre me dio dos besos y se fue.
Cuando fue la hora, subimos al avión. Nuestros asientos, por suerte, habían coincidido juntos. En el avión sacamos fotos, escuchamos a Jedward, durante todo el camino, preparamos un texto para escribir en una pancarta, e incluso dormimos un poco. El aterrizaje fue muy suave y la gente fue saliendo muy lentamente. Una vez allí nos apresuramos a salir y divisar el bonito cielo irlandés y todas su calles. Dimos un agradable paseo con las maletas a cuestas hasta que encontramos nuestro hotel.
-Buenos días - nos dijo una agradable recepcionista.
-Buenos días. Tenemos reservada la habitación número... -miré el papel que nos había escrito mi madre con atención- 243.
-¿A qué nombre la tienen reservada?
-Larissa Wayland... o quizás Cecily Smith. Han reservado nuestras madres...
-Hm... veamos, empezaré por la que primero queda en el abecedario, Cecily Smith... A ver... No. A este nombre no está, veamos por Larissa Wayland. Hm... ¡Oh, aquí está! Sí, la habitación 243. Aquí tienen la llave, y gracias por quedarse en nuestro hotel.
-Muchísimas gracias - dije cogiendo la llave.
Fuimos hasta el ascensor e investigamos en qué planta estaría. Primero nos quedamos cortas, luego nos pasamos, después nos quedamos cortas otra vez... hasta que por fin encontramos nuestra habitación.
-¡Aquí está! - metí la llave y abrí la puerta. La habitación era muy bonita, lujosa, sin duda alguna, y había dos camas bastante amplias.
-Wow... menuda habitación. Bueno, vamos a guardar la ropa en el armario.
Le hice caso a Sissy, ella siempre tan ordenada. En cuanto terminamos decidimos salir a dar un paseo, siempre con la llave en el bolsillo claro.
Tenía el estómago revuelto, pero era de la emoción. Esa iba a ser la mejor semana de nuestras vidas.
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¿Qué pasará en el concierto? Seguid leyendo y lo sabréis. ;)
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